Hay algo que no percibiste de ella y que yo no descubría, o aceptaba dentro de mí.
En los últimos meses sus arribos eran breves, indescifrables e incompletos para mí, porque ya no estaba, se desprendió de mí, se soltó de ti. En las noches sin luciérnagas, donde vos no la veía ni mucho menos a mí, ella me visitaba con nostalgia, proclamando mi llamado, escudriñando mi alma. Y fue entonces cuando noté que llevaba meses sin estar contigo, meses donde ella se fugaba por el cerrojo, la ventana, debajo de la tierra, entre el techo y el cielo. Desde hace varios años que ya no quería estar ahí, contigo. Ella ya no estaba y en consecuencia tenías mi cuerpo con mi ausencia. Ella sabía nuestro destino final, se adelantó millas a mis pasos. Pero mi cuerpo, y cada musculo de la cara y lengua no pudieron articular un No. Menos Un Adiós. Y entonces mi silueta, mis ojos sin brillo, mi cabello revuelto, mis manos tibias, mis pisadas al vacío te seguían a ti, en tu barco sin timón.
Ella siempre volátil, en un amanecer donde no estabas tú, se reencontró conmigo. Me abrazo los pies, me beso el corazón, me acaricio los ojos y me devolvió la fe. Ella no es de este planeta, ella no volverá a la Tierra.
Ella soy yo, siempre he sido yo.
Volátil.
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